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La radiactividad en la cultura popular

La radiactividad en la cultura popular es reflejo de la fascinación con este fenómeno descubierto por Henri Becquerel en 1896. Su aparición en cómics y dibujos animados cambió con los hechos históricos, hallazgos científicos y desarrollos tecnológicos.

A finales del siglo XIX y durante el XX se produjeron una serie de descubrimientos en torno al átomo y la radiactividad. Los rayos X, la radioactividad natural, el radio y el polonio, la radiactividad artificial y la fisión nuclear fueron solo algunos de ellos.

La fisión nuclear se empleó en las bombas atómicas que se lanzaron sobre Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial. Su capacidad de aniquilación total e inmediata impactó con fuerza en la sociedad internacional y generó debate sobre las circunstancias que justificarían su uso.

Con la Guerra Fría se disparó el miedo a las consecuencias de un posible enfrentamiento nuclear. Sin embargo, la radiactividad también proporcionaba esperanza a través de sus aplicaciones en medicina y en generación de energía. Esta dualidad se puede seguir desde la cultura de masas. El cómic es uno de los medios que se han estudiado.

Cómics y mangas: la radiactividad en la cultura popular

La novela gráfica es una forma universal de contar historias, rival de la radio, las películas y la televisión. Los relatos sencillos y fáciles de comprender influyeron en la concepción del átomo de las distintas generaciones de lectores.

Además, los cómics tienen la peculiaridad de permitir la participación de los aficionados en el desarrollo de los personajes y de la trama. Entre un número y otro pueden escribir a los autores con preguntas o expresando su interés por un personaje concreto. El diálogo permite adaptar la narrativa según los comentarios recibidos. Así, este medio presenta la perspectiva del escritor y la del público.

Los cómics estadounidenses surgieron durante la Gran Depresión como una fusión de las tiras cómicas de los periódicos y las revistas pulp. La creación de Superman en 1938 les dio un nuevo impulso de manera que se reorientaron en su mayoría a historias de superhéroes. Su popularidad los convirtió en la lectura favorita de los soldados en la Segunda Guerra Mundial.

Los cómics proporcionaron al público general un vistazo al mundo atómico. En ellos, se exploraron los aspectos positivos de la tecnología nuclear, reales y ficticios. Por otro lado, la visión de blanco o negro en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría encajaba con facilidad en la narrativa de buenos y malos tan típica del género de superhéroes.

Asimismo, también influyó en la disparidad de visiones presentadas en los cómics estadounidenses con sus equivalentes japoneses, los mangas. En el caso norteamericano, la narrativa es la victoria a pesar de dificultades casi insuperables. Por el contrario, durante años muchos japoneses se consideraron sobre todo víctimas de una agresión injustificada. No obstante, los artistas de cómics y mangas comparten esta característica de reflejar y de dar forma a sus correspondientes mundos en la cultura de masas. Su respectiva cultura popular muestra esta perspectiva polarizada, pero también la búsqueda de un entendimiento común.

El caso de los superhéroes de Marvel en la cultura popular estadounidense

La llamada “Era Marvel de los cómics” se inició en 1961 con el escritor y editor Stan Lee. Se trataba de un período convulso de la historia estadounidense. De hecho, el primer número de Los Cuatro Fantásticos se publica apenas unas semanas de la detonación por la URSS del artefacto nuclear más potente jamás registrado hasta entonces.

La peculiaridad de la editorial Marvel con respecto a DC es el universo Marvel. Este se sitúa en el mundo real y en el contexto de la Guerra Fría. Además, sus personajes suelen ser personas corrientes que intentan comportarse como héroes. En cambio, en DC son superhumanos más parecidos a los dioses y tratando de integrarse en el mundo real. Estos dos factores hacen que los personajes de los cómics de Marvel se enfrenten a problemas como los de sus lectores. Por eso, lo que aparece y lo que se omite en el universo Marvel resulta una comparación interesante con la realidad histórica del país durante la Guerra Fría.

En esta época de los cómics de Marvel aparecen temas sobre la energía nuclear que eran predominantes en la sociedad estadounidense. Por ejemplo, la fascinación por el átomo se percibe en el superhéroe Ant-Man. El científico Henry Pym desarrolla un suero que altera su composición atómica de forma que puede disminuir su tamaño hasta el de una hormiga.

En general, las historias de superhéroes traslucen una incertidumbre casi mística derivada de la mecánica cuántica en los superpoderes y armas que inventa Stan Lee.

Los Cuatro Fantásticos son los primeros superhéroes de Stan Lee. Su historia se enmarca en la carrera espacial entre Estados Unidos y la URSS. La nave de los protagonistas es alcanzada por rayos cósmicos que modifican las estructuras atómicas de sus cuerpos y les proporcionan superpoderes. En el primer número se muestra el uso pacífico de la energía nuclear, aunque también destaca la preocupación ante la vulnerabilidad de las instalaciones de generación de energía de fisión a un accidente o a un ataque de la URSS.

De todas formas, en la mayoría de ocasiones la energía nuclear en los cómics se asocia más a la guerra que a usos pacíficos. A menudo se presentan versiones edulcoradas con respecto a la realidad. Por ejemplo, una de las causas de ansiedad social era la imperceptibilidad de la radiación. En Hulk y Spider-Man la radiación se manifiesta con un color verde. Por otro lado, los efectos graves de la contaminación radiactiva desaparecen puesto que la radiación proporciona sobre todo superpoderes. De hecho, las facultades sobrehumanas adquiridas inducen problemas psicológicos en el héroe por la dificultad de gestionarlos y no trastornos físicos.

La actitud estadounidense ante la investigación nuclear también se vislumbra en los cómics de Marvel. El Proyecto Manhattan que desarrolló las bombas atómicas marcó un antes y un después en la colaboración científica con el sector militar. La problemática que esto puede suponer se lee en el accidente que convierte al investigador Bruce Banner en Hulk, resultado de obedecer una orden militar. También el origen de Spider-Man remite al miedo ante la experimentación humana con la radiación. Otra preocupación frecuente son los errores técnicos que pudieran iniciar una guerra nuclear. Esto se representa con la posibilidad de lanzar armas nucleares apretando un único botón.

La figura del investigador en los cómics es también paradigmática de la opinión pública de la época. Por un lado, la idea del científico loco transmite la aprehensión popular ante el riesgo de traición o captura por el enemigo. Asimismo, también se percibe la fascinación por el genio de científicos individuales. Por ejemplo, los ya mencionados Henry Pym y Bruce Banner.

La ambivalencia del público estadounidense con la energía nuclear se revela de nuevo en las historias de superhéroes. El villano Namor de Los Cuatro Fantásticos es un caso peculiar en cuanto que el motivo que le impulsa a vengarse de la humanidad es la destrucción de su ciudad submarina por armas atómicas. Por otra parte, en Hulk se evidencia la idea de que el arsenal nuclear es un mal necesario que garantiza la seguridad mundial. Los mismos rayos gamma que le proporcionaron su fuerza descontrolada le sirven a Banner para crear una forma de controlarla.

Aquí se transmite la idea de que el uso de la energía nuclear es positivo cuando se gestiona con racionalidad por las personas adecuadas. La responsabilidad en este aspecto se explicita en el primer número de Spider-Man con la cita: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

Durante 1961-1963, los cómics de Marvel aprovecharon de forma eficaz la exploración de la incertidumbre nuclear. No obstante, tras la crisis de los misiles de Cuba se reduce la frecuencia con la que se menciona la radiación o bien tiene un papel menor en la línea argumental. Por ejemplo, en el primer número de Iron Man no hay armas nucleares. Es más, Tony Stark es un ingeniero eléctrico y no un físico nuclear como Bruce Banner. Por eso, se hipotetiza que la crisis de los misiles sirvió de catarsis y disminuyó la preocupación estadounidense por una guerra nuclear. Es decir, los lectores de Marvel dejaron de considerar tan emocionantes las historias con armas nucleares.

La ansiedad nuclear no se produjo solo en Estados Unidos. En Japón los autores se enfrentaron a menudo a idénticos dilemas fruto de esta misma preocupación.

El manga japonés en la posguerra

Los cómics japoneses se remontan a mediados de los 1920. Sin embargo, el manga tal y como se conoce en la actualidad, no aparece hasta los años de ocupación estadounidense (1945-1951). Durante este período, las fuerzas ocupantes censuraron y silenciaron las voces de los supervivientes de las bombas atómicas. Cuando los americanos abandonaron el país, los gobiernos japoneses continuaron la política de censura hasta en los 1970. De todas formas, los dibujantes de manga solían tener más libertad para tratar estos temas que otros sectores.

Uno de los autores de manga fue Tezuka Osamu, creador de Mighty Atom o tetsuwan atomu (1951), el héroe atómico más popular del Japón. Este robot con superpoderes cuya fuente es la energía nuclear se conoce en Estados Unidos como Astro Boy. En el mundo de Osamu, los robots son con frecuencia más humanos que los humanos, experimentando sentimientos. Astro Boy, igual sus equivalentes americanos, salva Japón de la destrucción causada por bombas de fisión o de hidrógeno. La principal diferencia entre ellos es el perdón y la reconciliación: los villanos se disculpan con Astro Boy que reconoce una pizca de bondad incluso en sus peores enemigos y que ofrece una alternativa a la prisión.

Más adelante (1972-1973), Keiji Nakawaza escribe su historia semiautobiográfica en calidad de superviviente de la bomba atómica en el manga Barefoot Gen. En esta obra trata temas que incluyen la restricción de libertad de pensamiento y de expresión en el Japón de la preguerra, la discriminación de los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki y los huérfanos de guerra que caían en manos de la organización criminal de la yakuza. Sobre todo, Nakawaza llama a asumir la responsabilidad frente a lo sucedido.

La radioactividad en la cultura popular: los animales en el cine y en los dibujos animados

Más allá del género del cómic y del manga, la radiactividad aparece en el cine y en la televisión. Por ejemplo, la película japonesa Godzilla de 1954 es una respuesta directa a la prueba de la bomba de hidrógeno realizada por los estadounidenses en el atolón Bikini de las Islas Marshall. A raíz de un error no reconocido en sus cálculos, la lluvia radiactiva alcanzó a una embarcación pesquera. Uno de sus tripulantes falleció a consecuencia de la radiación. Esto aumentó el sentimiento en contra de Estados Unidos y motivó más campañas antinucleares. Los japoneses se vieron de nuevo víctimas en un tercer ataque nuclear.

Este acontecimiento se abordó en la ficción con Godzilla, un monstruo gigantesco desarrollado a partir de una especie animal prehistórica expuesta a la radiactividad de una prueba de la bomba de hidrógeno. Godzilla funciona como un reactor nuclear que exhala radiación y que comienza atacando un barco pesquero. Es decir, antes de su popularización en Estados Unidos, la película era una alegoría muy potente de los peligros de la bomba de hidrógeno.

Por el contrario, la versión estadounidense de 1956 transmitía un mensaje diferente y Godzilla pronto se convirtió en una industria en sí misma con decenas de películas, cómics de Marvel y una gran variedad de productos comerciales.

En general, los animales “atómicos” que poblaron cómics y dibujos animados en Estados Unidos se caracterizan por la falta de preocupación por la radiación ionizante. Atómico solo significa energía y fuente de superpoderes. Un ejemplo es La Hormiga Atómica creada por los estudios de Hanna-Barbera en los 1960 y que utiliza su fuerza extraordinaria para hacer justicia. Es decir, la ambigüedad y ansiedad atómica en los cómics de superhéroes desaparece en estas historias protagonizadas por animales “atómicos”.

Otro caso es el de las Tortugas Ninja. Nacieron en forma de cómic en 1984 como una parodia de cuatro de las historias del género más populares en esa década. Al principio eran habitantes de un mundo distópico y hostil donde la energía nuclear los había deformado y bendecido a la vez. En 1987 se estrena la serie de dibujos animados basada en el cómic. Sin embargo, los protagonistas se habían adaptado a un público preadolescente, perdiendo lo subversivo y la crítica social de los originales.

Algunos estudiosos consideran que se trató de una reacción al accidente nuclear soviético de Chernóbil en Ucrania del 26 de abril de 1986.  La serie televisiva Tortugas Ninja normaliza la radiación ionizante. Además, no transmite ninguna inquietud por la mutación genética de mascotas domésticas, inducida por residuos radiactivos. Los protagonistas nunca se cuestionan su origen y lo consideran más bien un golpe de suerte que los ha convertido en héroes. Al revés que muchos de los superhéroes en los cómics, ellos nunca se lamentan de su destino ni maldicen su situación. En las tramas de la serie, la radioactividad solo es negativa cuando abusan de ella los malos.

Aun así, se puede detectar la radiofobia detrás de la identidad adolescente de los protagonistas, su relación ambivalente con la ciencia y su hostilidad contra los científicos malvados. Tortugas Ninja intentó enseñar a toda una generación de niños que la energía atómica en las manos adecuadas era una fuerza positiva. Al mismo tiempo dejaban ver por debajo el miedo a la guerra nuclear.

Las respuestas culturales al terror que provocó la radiactividad después de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki no fueron siempre racionales. Se filtraron a través de la conciencia histórica, su representación ficticia y la comprensión parcial de las posibilidades positivas y destructivas de la tecnología nuclear. El resultado quedó plasmado en cómo se abordó la radiactividad en la cultura popular.

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Referencias

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Shepherd, K. E. (2016). Tales of the Atom!: An Analysis of Nuclear Discourage in Early Tales of the Atom!: An Analysis of Nuclear Discourage in Early Marvel Comics Marvel Comics [Senior Theses, University of South Carolina]. https://scholarcommons.sc.edu/cgi/viewcontent.cgi

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