La protección radiológica en radiología intervencionista es crucial. La causa son las dosis anuales del personal sanitario que participa en estos procedimientos, de las más elevadas que se registran en los trabajadores del ámbito médico. La dosimetría realiza el seguimiento de los niveles de exposición a la radiación ionizante por medio de dosímetros pasivos y activos.
La radiología intervencionista es una rama de la radiología. Consiste en el seguimiento por imagen de procedimientos quirúrgicos poco invasivos para diagnóstico y tratamiento. Se utiliza sobre todo en patologías del sistema vascular y cardíaco. Entre sus beneficios se encuentran la reducción del dolor, del riesgo de infecciones y del tiempo de recuperación y hospitalización. Estos motivos impulsan la tendencia hacia los tratamientos poco invasivos.
En los procedimientos intervencionistas se introduce un catéter en el cuerpo, por lo general por una arteria. Con imagen médica, se realizan intervenciones para desobstruir vasos sanguíneos (en infartos, accidentes cerebrovasculares e hipertensión secundaria). También se llevan a cabo biopsia guiada por imagen, embolización de aneurismas cerebrales y drenaje de abscesos.
En radiología intervencionista se usan varias técnicas de imagen. Las más comunes son la fluoroscopia, la angiografía por sustracción digital, los ultrasonidos, la tomografía computarizada y la resonancia magnética. Salvo los ultrasonidos y la resonancia magnética, el resto emplean rayos X para generar imágenes en movimiento de tejidos, flujo sanguíneo arterial, etc.
Por tanto, los profesionales en estos procedimientos de radiología intervencionista se exponen muy a menudo a radiación ionizante. La persona más expuesta es el paciente intervenido, aunque la dosis recibida queda justificada por el fin médico. Para los profesionales sanitarios, el principal riesgo radiológico es la exposición crónica de las manos. Por otro lado, el paciente genera un campo de radiación dispersa a partir del haz primario de rayos X. Este puede mitigarse con medios de protección como delantales, protección de la tiroides, gafas y guantes.
Por su eficacia diagnóstica y terapéutica, cada vez se realizan más procedimientos de radiología intervencionista. Por eso, el personal que participa presenta las dosis anuales más elevadas que se registran en los trabajadores del ámbito médico. En general, la exposición en los procedimientos de fluoroscopia es superior a la de los profesionales de radioterapia y medicina nuclear y de la de quienes no trabajan con equipos de fluoroscopia. Se debe a que los que realizan intervenciones con fluoroscopia están muy cerca del paciente y del tubo de rayos X.
La exposición a la radiación de estos profesionales sanitarios debe controlarse con mayor cuidado por este carácter repetitivo. Al final, su dosis acumulada de los muchos procedimientos a lo largo de la carrera profesional podría ser importante.
Así, se requiere el uso de sistemas de control de la dosis y formar al personal implicado en cuanto a la dosis de radiación que ellos y los pacientes pueden recibir y los factores que determinan el nivel de dichas dosis.
A continuación, trataremos de dosimetría, dosímetros pasivos y dosímetros activos de Thermo Fisher Scientific y de la investigación detrás de estos sistemas.
Dosímetros pasivos y dosímetros activos en la protección radiológica en radiología intervencionista
La dosimetría realiza el seguimiento de los niveles de exposición a radiaciones ionizantes. La dosimetría personal se refiere a la medición de la dosis acumulada por cada trabajador. Forma parte de las medidas de protección radiológica y de la prevención de riesgos laborales.
La dosimetría estima la dosis absorbida por un tejido por causa de la exposición a la radiación externa. Para ello, se utilizan los dosímetros personales. Son detectores de radiación de pequeño tamaño que registran la dosis individual de cada persona. Se construyen con los materiales adecuados y equivalentes a tejido biológico. Se clasifican en activos y pasivos según si requieren o no de una fuente de alimentación. Esto condiciona sus propiedades dosimétricas y su funcionamiento.
Los dosímetros pasivos no necesitan fuente de alimentación. No proporcionan una lectura instantánea, sino que acumulan la dosis durante un período determinado de tiempo. Una vez transcurrido este plazo, requieren de un tratamiento posterior en un laboratorio autorizado para conocer la dosis. En el caso de los dosímetros de película fotográfica se revela dicha película. En cambio, los dosímetros de luminiscencia estimulada ópticamente (OSL) liberan la señal con un láser. Los dosímetros termoluminiscentes (TLD) requieren calentamiento.
La determinación de dosis del personal en radiología intervencionista suele realizarse con dosímetros TLD, como los de Thermo Fisher Scientific. Su dosimetría TLD Harshaw emplea una amplia variedad de materiales. Esto facilita la adaptación a distintas instalaciones y procesos. Dichos materiales se presentan en elementos únicos y en tarjetas de 2-4 elementos. Junto con portadosímetros y filtros específicos pueden realizar medidas de precisión para el cálculo de dosis. Además, se encuentran disponibles en diferentes formatos y dimensiones con el fin de proporcionar una mejor respuesta según su aplicación.
Thermo Fisher Scientific dispone de una serie de dosímetros específicos para extremidades y manos. Son útiles en los procedimientos de radiología intervencionista. Pueden llevarse en los dedos, muñeca o cabeza para monitorización de la dosis al cristalino del ojo.
Los dosímetros pasivos se emplean en la vigilancia regulatoria de la exposición ocupacional. No obstante, cada vez con más frecuencia se agregan dosímetros electrónicos (EPD) de protección complementaria. Son muy útiles como herramienta de concienciación sobre la dosis, ya que se ha comprobado que conocer la dosis en tiempo real influye en el comportamiento de los trabajadores. De este modo, se puede reducir la exposición de estas personas.
Los dosímetros electrónicos son dosímetros activos. Es decir, necesitan una fuente de alimentación para su funcionamiento. Su respuesta inmediata y continua ofrece información en el momento de la dosis acumulada y las condiciones de exposición. Por tanto, se emplean para lecturas en tiempo real, con fines formativos y al introducir una nueva tecnología de imagen. También en áreas en las que existe la posibilidad de altos niveles de radiación dispersa. Por ejemplo, en los procedimientos de radiología intervencionista.
La introducción de dosímetros electrónico abre nuevas perspectivas. Al mismo tiempo, se requiere un mejor conocimiento de su comportamiento en los campos de radiación presentes en radiología intervencionista. Sobre todo, llevar a cabo la comprobación de su fiabilidad en estas condiciones.
El comportamiento de los dosímetros activos en radiología intervencionista se ha analizado en proyectos europeos. Por ejemplo, en ORAMED (Optimización de la protección radiológica para el personal médico). También por el grupo de trabajo 12 de la red EURADOS (European Radiation Dosimetry Group). Sus estudios han encontrado que la respuesta de la mayoría de dosímetros activos disminuye en campos de radiación pulsada cuando aumenta la tasa instantánea de dosis equivalente personal. Por eso, recomiendan estandarizar las verificaciones de estos dosímetros en dichos campos.
Uno de los dosímetros electrónicos que mostró un comportamiento de medición aceptable con la radiación pulsada fue el modelo EPD Mk2 de Thermo Fisher Scientific. Sus intervalos de energía nominales fueron los que mejor se adaptaron a los procedimientos intervencionistas.
El modelo EPD Mk2 se discontinuó, pero el dosímetro electrónico EPD TruDose se diseñó con el objetivo de optimizar su comportamiento en campos de rayos X pulsados de corta duración. Así, EPD TruDose de Thermo Fisher Scientific es un dosímetro de lectura continua que advierte al usuario cuando excede una tasa de dosis específica o una dosis acumulada.
Formación en protección radiológica con dosímetro de radiación simulada de STS
La radiación no es perceptible por los sentidos humanos. Por eso, es necesario concienciar de su existencia y su presencia en entornos como el de la radiología intervencionista. De esta forma, los profesionales sanitarios pueden realizar su trabajo, conscientes del riesgo de exposición a la radiación ionizante y aplicando las medidas correspondientes de protección radiológica.
En estudios del proyecto ORAMED se demostró que las dosis que reciben los médicos dependen mucho de su práctica individual. Es decir, la protección y seguridad radiológicas en los procedimientos intervencionistas se relacionan con las habilidades y la competencia técnica de los profesionales sanitarios.
La reducción de la exposición del personal puede conseguirse con factores operacionales. Por ejemplo, dónde se sitúan los profesionales en la sala. El paciente es la principal fuente de radiación dispersa. Por ello, los presentes, en la medida de lo posible, tienen que situarse lo más lejos durante la adquisición de imágenes. Además, también deben evitar interponer las manos en el haz.
De ahí que la formación, capacitación, cualificación y competencia de todos los perfiles sanitarios sea crítica. Además, la insuficiente capacitación y competencia técnica es un factor que influye en la frecuencia y gravedad de las exposiciones accidentales.
Por eso, pueden necesitarse actividades adicionales o aparte de formación, capacitación y acreditación en estos aspectos.
El dosímetro de radiación simulada de Safe Training Systems (STS) permite entrenarse sin fuentes de radiación ni exposición injustificada. Este equipo imita los instrumentos comerciales y su respuesta. De esta forma, el entrenamiento resulta realista, pero sin riesgo para el personal en formación y el formador.
Si desea más información sobre los dosímetros TLD y electrónico de Thermo Fisher Scientific en radiología intervencionista y el entrenamiento con radiación simulada de STS, puede contactarnos en el siguiente enlace.
Referencias
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